las guerras personales entre dios y el hombre es algo que siempre me fascinará.
aquí uno de los motivos por los que he montado amadeus. a pesar de la calidad.. que no le hace ninguna, pero ninguna, justicia a la interpretación.
disfruten. espero.. de la última parte del último ensayo.
monólogo desde el principio.
(SALIERI se vuelve hacia el
público, agitado.)
SALIERI. - ¡Fiasco!... ¡Fiasco!... ¡Qué sórdido todo! ¡Qué
completa sordidez!... ¡Peor que si lo hubiera hecho realmente! ¡Estar tan
sumido en el pecado y sentirme tan ridículo al mismo tiempo!... No había excusa. Si a partir de ahora Dios rechazaba mi música para
siempre era por culpa mía, sólo mía. Pero ¿volvería ella al día siguiente? Y si
volviera, ¿entonces, qué? ¿Qué haría yo?... ¿Disculparme profundamente... o
probar de nuevo?...
(Gritando.)
¡Nobile, nobile SALIERI! ... ¡Qué ha hecho
conmigo este MOZART! ¿Me comportaba yo así antes de que él
viniera? ¿Jugaba con el adulterio? ¿Chantajeaba mujeres? ¿Era cruel y
retorcido? Todo estaba cambiando, resbalando, pudriéndose en mi vida progresivamente,
por su culpa.
(Va hacia el fondo,
enfebrecido. Estira la mano para coger la carpeta de la silla, pero la retira como si tuviera miedo de lo que
podría encontrar dentro, y se sienta. Una pausa. Contempla la música que allí reposa como si fuese un enorme dulce por el
que se muere de ganas, pero no se atreve a comer. De repente la agarra, arranca la cinta, abre la tapa y
mira ansiosamente los manuscritos que hay dentro. En el teatro suena instantáneamente, débilmente, la música al posarse sus ojos
sobre la primera página. Es la obertura de la Sinfonía número 29 en La Mayor. Sobre la
música, leyéndola)
Ella dijo que éstas eran sus partituras originales. Primeros y únicos
borradores de la música. Y sin embargo parecían copias en limpio. No tenían correcciones
de ningún tipo.
(Levanta la vista del manuscrito
y mira al público: la música se detiene bruscamente.)
Era extraño... y, súbitamente, alarmante. Parecía que MOZART estaba
simplemente, transcribiendo música...
(Continúa mirando la música.
Inmediatamente suena débilmente la
Sinfonía concertante para
violín y viola.)
...Totalmente compuesta en su cabeza. Y acabada como nunca lo está la
mayoría de la música.
(Vuelve a levantar la vista: la
música se corta.)
Si se desplaza una nota, hay un debilitamiento. Si se mueve una
frase, la estructura se derrumba.
(Continúa la lectura y la música
también continúa: una embriagadora frase
del movimiento lento del concierto para flauta y arpa.)
Aquí estaban de nuevo, sólo que ahora en abundancia, los mismos
sonidos que había oído en la
Biblioteca. Las mismas armonías comprimidas... colisiones oblicuas... dolorosas delicias.
(Y levanta la vista: de nuevo se
detiene la música.)
La verdad estaba clara. Aquella Serenata no había sido un accidente.
(Muy bajo, se oye en el
teatro un vago sonido de trueno,
creciendo, como un mar lejano.)
Yo estaba contemplando a través del entramado que formaban
aquellos meticulosos rasgos de tinta, una Belleza Absoluta.
(Y del rugido de tormenta
nace y se eleva el claro sonido de una
voz de soprano cantando el Kyrie de la misa en Do Menor... El ruido que
envuelve la voz cae poco a poco. La voz
es de pronto clara y radiante. Después más clara y más radiante. La luz se hace resplandeciente: de un blanco ardiente, ¡un blanco
abrasador! SALIERI se levanta bajo el chaparrón de luz y el diluvio de música que suena cada vez más fuerte,
llenando el teatro, en el momento en que la soprano cede ante el coro fortísimo, cantando su sólido contrapunto. Este
es, con mucho, el sonido más fuerte que el público ha oído hasta el momento. SALIERI avanza, tambaleándose,
hacia el público, sosteniendo las partituras en su mano, como un hombre atrapado en un mar agitado y violento. Finalmente
suena por debajo un estrépito de tambores: SALIERI deja caer la carpeta de partituras. Y cae al suelo
sin sentido. En el mismo instante la música estalla en un largo, resonante, deforme bramido, que expresa alguna
terrible aniquilación. El sonido permanece suspendido sobre la figura tendida boca arriba, en un amenazador
continuum, que ya no es en absoluto música, después muere poco a poco y sólo queda el silencio. La luz palidece
de nuevo. Una larga pausa. Finalmente suena el reloj: nueve veces. SALIERI se remueve mientras esto ocurre. Lentamente levanta
su cabeza y mira hacia arriba, y ahora, sosegadamente
al principio, se dirige a su Dios.)
¡Capisco! Conozco
mi destino. Ahora por primera vez siento mi vacío como Adán sintió su
desnudez...
(Lentamente se pone en pie.)
Esta noche, en una fonda, en algún lugar de esta ciudad, hay un
niño que se ríe por nada y que puede escribir música sin soltar su taco de billar;
notas fortuitas que convierten mis mejores composiciones en rayajos sin vida. ¡Grazie
Signore! Primero me hiciste sentir la necesidad y el deseo de servirte; ese
deseo que la mayoría de los hombre sno tienen... Luego te ocupaste de que este
servicio fuese ignominioso para mí. ¡Grazie! Me diste el deseo de alabarte, que
la mayoría no siente... Y luego me dejaste mudo. ¡Grazie tante! Pusiste en mí
la percepción de lo incomparable... ¡Que la mayoría de los hombres nunca
conoce!... Y después te ocupaste de que yo mismo tuviera que reconocerme como
un mediocre para toda la eternidad.
(Su voz gana fuerza.)
¿Por qué?... ¿Cuál es mi falta?... Hasta este día he seguido con
rigor el camino de la virtud. Me he esforzado largas horas para aliviar a mis
semejantes. He cultivado y trabajado el talento que me concediste.
(Gritando.)
¡Tú sabes qué duro he trabajado!... ¡Y lo he hecho únicamente para que
al final, en la práctica del arte, que es lo único que para mí hace
comprensible el mundo, yo pudiera oír Tu voz! Y ahora la oigo... Y sólo dice un
nombre: ¡MOZART !..., ¡el rencoroso, el de la risa tonta, el engreído, el infantil
MOZART!... ¡que jamás ha trabajado un solo minuto para ayudar a otro
hombre!... ¡el
MOZART
Que habla de mierda y su esposa azota-culos!... ¡Le has escogido a él
para ser tu único portador! ¡Y mi sola recompensa, mi sublime privilegio, es
ser el único hombre vivo en esta época que puede reconocer claramente que
él es tu encarnación!
(Enfurecido.)
¡Grazie e grazie ancora!
(Pausa.)
¡Así sea! ¡Desde este momento somos enemigos, tú y yo! No permitiré
que me hagas esto. ¿Lo oyes?... Dicen que nadie se burla de Dios. ¡Yo te digo
que nadie se burla del Hombre!... ¡Nadie se burla de mí!... Dicen que la inspiración nace
donde quiere. ¡Yo te digo que no! Debe atender a la virtud o no nacer en
absoluto.
(Gritando.)
¡Dio Ingiusto!... ¡Tú eres el Enemigo! Yo te llamo ahora...
¡Nemico Eterno! Y te juro esto: ¡Te pondré obstáculos en la tierra, en
la medida que me sea posible, hasta exhalar mi último aliento!
(Mira indignado a Dios.) (Al público.)
Después de todo, ¿para qué sirve el Hombre, si no es para
enseñar a Dios sus lecciones?
sigue pero nosotros terminamos aquí.. por todo lo alto.